El tiempo le regalaba a Aurelio un húmedo ambiente en Cabo de Hornos. Agua por todas partes, el aire se sentía cargado de humedad por la espesa niebla, su cara y su cabello goteaban por la brizna que había ocurrido hace media hora y de la cintura hacia abajo el agua escurría los excesos que salpicaban las olas del embravecido mar a los pies de la roca donde se encontraba. Los acantilados a su alrededor le producían una sensación de tranquilidad, estaba ahí, con los ojos cerrados y los brazos abiertos solo disfrutando de la soledad del momento, habían pasado apenas 2 meses según su cuenta desde que inició su viaje.
Había pasado una ráfaga de viento especialmente particular cuando sintió un tirón en la chamarra de cuero que traía puesta y que ya empezaba a evidenciar un viaje que aun tenia muchas cosas que decir. Aurelio volteo y vio a una mujer. A decir verdad la situación parecía poco probable, después de todo el había caminado solo los últimos días y no había tenido compañía de nadie. La baja estatura de la mujer contrastaba con la de Aurelio que si bien no era demasiado alto si se encontraba arriba del promedio de los de su nación.
-¿Porque me miras? Dijo ella con un tono un poco demasiado confiado.
Aurelio sinceramente sorprendido por el carácter recto de la pregunta, dudó un poco antes de responder, le costaría trabajo acostumbrarse a ese tipo de preguntas ya que a lo largo de sus viajes serian un común denominador en muchos de ellos.
-Pues en realidad estoy muy sorprendido de encontrar a alguien aquí.
-Lo mismo podría decir yo, ¿no crees?
-Si, supongo -respondió con cautela- ¿Como te llamas?
-El nombre es lo de menos, el hecho es que creo que estoy enamorada de ti.
-¿Como es posible eso?, si en realidad acabamos de conocernos. La situación empezaba a parecerle bochornosa.
-¿A que viniste aquí?
-Pues estoy en un viaje, y mi camino me trajo hasta aquí, estaba disfrutando del entorno.
A decir verdad, la chica le causaba intriga, cierta fascinación, pero un poco de miedo, la siguiente pregunta podría significar mucho, podría indicar que habría encontrado un espíritu parecido al suyo. En este punto su mente comenzó a volar, se imagino terminar su viaje ahí, y quedarse con la mujer, hacer una vida y vivir tranquilo. ¿En realidad podría dormir tranquilo sabiendo que había a su lado alguien que podría disparar tan repentinamente una pregunta tan fuera de lugar en ese sitio? Basta. Detente. “Apenas la acabas de conocer”, se dijo a si mismo. Tomo aire y se dispuso a preguntar.
-¿Tu porque estas aquí?
La chica abrió los ojos desmesuradamente y respondió:
-¿Bromeas? Esta planta que esta aquí…
Se agachó y le señaló a Aureliano que hiciera lo mismo.
-Es el único lugar donde vive, y me parece realmente fascinante.
-Cuando llegué también vi la planta, a decir verdad me maravilló que hubiera una planta tan bella en un entorno tan hostil, pero termine por fundirla en el ambiente cuando empecé a maravillarme por el agua, el aire, las nubes, las rocas e inclusive la nave de 3 palos que se ve a lo lejos y que maniobra con desesperación por entre los acantilados. Creo que la comprendo. Por vivir aquí, también aguantaría el viento y la lluvia.
Ella no parecía entender todo lo que Aurelio decía, sin embargo parecía fascinada.
-¿No te parece suficiente razón para venir aquí el ver a esta pequeña plantita? A mi me parece que si. ¿Quieres quedarte conmigo aquí?
Entonces Aurelio tomó la decisión que le pareció mas apropiada, irse de ahí y dejar a la mujer con su bella planta.
-Hasta luego señorita, intentare alcanzar aquel barco cuando atraque mas al norte en costa segura.
Y emprendió el ascenso por la roca que estaba justo detrás de ellos, al principio dudó y quiso regresar, pero su alma le indico que lo mejor era alejarse de manera rápida.
Al subir, la mujer seguía hablando sola, o intentando hablar con el, aun después de un rato de ascenso seguía escuchándose el rumor de sus palabras a sus espaldas.
Llegó al sendero y se sentó en una roca. Suspiró. Estuvo a punto de perder la oportunidad de seguir su viaje por un momento de tontería. Decididamente la mujer tenía un estado mental que de alguna forma compartió por unos minutos. Estaba respirando agitadamente, había pasado una prueba dura y probablemente pocos entenderían que tan cerca estuvo de quedarse ahí. Sacó de la mochila la argolla y por un momento se unió a la tripulación de la nave que atravesaba el cabo de hornos, al igual que ellos había pasado el cabo a su manera, la puso en la oreja izquierda de un solo pase por el lóbulo. Se puso de pie y comenzó a caminar con un hilo de sangre escurriendo por el cuello. El tiempo que había pasado en el cabo había parecido mucho, sin embargo era ínfimo comparado con las aventuras que le esperaban, era solo el inicio del viaje.